16.1.06

Érase de un jardinero.

La señora se inclinó a oler las flores que cultivaba el jardinero y, al acercarse, exclamó con aversión:

-¡Un bicho!

Ante lo cual el aludido repuso, muy dignamente:

-No soy un bicho, soy un insecto. Y sepa que estas flores no se perfumaron para usted, sino para mí. Y también para mí colorearon sus pétalos. Para atraerme, para que con mis patas transporte su polen, para que las ayude a fecundarse. Así que, por favor, tráteme con respeto.

La señora tuvo que ser sostenida por el jardinero para no desplomarse: impresiona mucho oír hablar a un invertebrado.

Aficionado a la ventriloquia, el jardinero se había propuesto no hablar con el vientre en horas de trabajo. Pero en esta ocasión la voz, más que del vientre, le salió de las vísceras.

2 comentarios:

Antón dijo...

Lo del jardinero me recuerda a Antonio Machado, sobre un marinero que hizo un jardín al lado del mar

Antón dijo...

Pues mira, creo que la poesia completa dice

Erase de un marinero
que hizo un jardin junto al mar
y se metió a jardinero.
Estaba el jardin en flor
y el jardinero se fue
por esos mares de Dios.

Chao