2.1.06

Ojalá que te vaya bonito

Un convenio regulador tiene que aquilatar todos los detalles, no debe dejar nada a la improvisación. Por eso había que determinar la custodia de Aida. Entre personas maduras este asunto tenía un modo claro de resolverse. Descartada la custodia compartida (pues tras el divorcio iban a residir en ciudades distintas), la solución natural consistía en situar a Aida en el jardín, ponerse cada uno en un lugar equidistante y dejarla decidir con quién se iría. No valían trucos para atraerla: ni llamarla, ni mostrarle un obsequio... Que sus sentimientos actuaran con libertad.

Llegado el momento, Aida miró a izquierda y derecha. Sin moverse un centímetro decidió dormir una siesta. Ambos esperaron sin cruzar palabra durante hora y media, lamentando no haber cogido nada para leer.

Aida se incorporó. Bostezó, estiró regiamente sus músculos y empezó a caminar. Sin tomar impulso salvó los dos metros que había entre el suelo y la ventana de don Damián, el viejecito que nunca sale de casa. No era la primera vez que Aida saltaba hasta allí. Desde el alféizar volvió a mirar tristemente a ambos lados, hasta que el anciano la cogió y la abrazó contra sí. El ronroneo era suave pero audible.

2 comentarios:

Antón dijo...

Eso demuestra que los gatos pueden tener propietario, incluso dueño, pero no amo.

Antón dijo...

No creo que al autor le importe que diga que el título de OJALÁ QUE TE VAYA BONITO, está seguramente evocado por la canción del compositor mejicano José Alfredo Jiménez, que fue interpretada por Chabela Vargas. La letra es:

Ojala que te vaya bonito
ojala que se acaben tus penas
que te digan que yo ya no existo
y conozcas personas mas buenas

Que te den lo que no pude darte
aunque yo te haya dado de todo
nunca mas volvere a molestarte
te adore, te perdi, ya ni modo

Cuantas cosas quedaron prendidas
hasta adentro del fondo de mi alma
cuantas luces dejaste encendidas
yo no se como voy a apagarlas

Ojala que mi amor no te duela
y te olvides de mi para siempre
que se llenen de sangre tus venas
y te vista la vida de suerte

Yo no se si tu ausencia me mate
aunque tengo mi pecho de acero
pero nadie me llame cobarde
sin saber hasta donde la quiero

(Claro que el autor de la canción no pensaba en un gato, qunque tampoco creo que le disgustara la idea)