3.11.09

Pero el cadáver, ay, siguió muriendo

Tras la declaración de guerra en julio de 1870, la Asociación Internacional de Trabajadores lanzó la consigna de oponerse a las hostilidades mediante la negativa obrera a participar en los ejércitos. Pese a la propaganda oficial, el llamamiento a alistarse apenas fue secundado por operarios de la industria, y entre los obreros agrícolas la respuesta fue también muy exigua. Cuando se dispuso la recluta obligatoria, tanto en Francia como en Prusia se produjo un movimiento de desacato, que se intentó aplacar amenazando con juicios por deserción. En ambos bandos se celebraron masivos consejos de guerra y llegaron a ejecutarse algunas condenas, pero la reacción duró poco ya que muchos soldados se negaron a fusilar a sus compañeros. Incluso se produjeron motines y asaltos espontáneos a establecimientos militares. La situación se hizo tan insostenible que las dos potencias tuvieron que poner fin a las operaciones armadas. Fue un enfrentamiento absurdo, que no obstante sirvió para que por primera vez una guerra quedase abortada por los soldados de ambos bandos. Algunos estudiosos opinan que, de no haber sido por la presión popular sobre los gobiernos, éstos habrían entrado en una espiral de locura, susceptible de arrastrar a Europa a un siglo de contiendas. No falta quien especula con conflictos mundiales y millones de víctimas, e incluso con el uso de la energía atómica para fines bélicos. Obviamente son planteamientos extremos y fantasiosos. Lo que resulta claro es que la acción en ambos Estados de los movimientos ciudadanos cambió el curso de los acontecimientos, haciendo prevalecer el deseo común de paz sobre los particulares intereses que motivan las guerras.

8 comentarios:

Aquí me quedaré... dijo...

¿Sabes a qué me recuerda?
A la Revolución de los claveles de Portugal.

Blanca dijo...

Bravo, bravo y que así sucediese en caso necesario.
'Aquí me quedaré', y ¿por que no cuentas de la guerra de los claveles?
¿Permítes Saiz?
Saludo a los dos. Buena noche.

Aquí me quedaré... dijo...

Buenos días.
No me importaría, Blanca. Aunque supongo que lo hará mucho mejor Saiz.

Saludos para los dos

saiz dijo...

Gracias por vuestros comentarios. El relato se basa en un intento habido, en relación con la guerra franco-prusiana (hacia 1870), por parte de la Asociación Internacional de Trabajadores, intento dirigido a evitar la guerra mediante la negativa de los trabajadores de ambos bandos a engrosar los ejércitos. Trataré de buscar alguna documentación al respecto. Lamentablemente el intento no fructificó. Y es una gran pena porque esa guerra entre Francia y Prusia (entonces Alemania se llamaba así) fue en cierto modo el germen de la I Guerra Mundial (como ésta lo fue, a su vez, de la II GM). Si esa guerra franco-prusiana se hubiese abortado, es probable que la posterior historia de Europa habría sido menos dolorosa y cruenta. Nos habríamos evitado el nazismo, los campos de exterminio, las masacres de Berlín o Stalingrado, etc. Pero no, no fue así.

saiz dijo...

En relación con este tema, he encontrado en Internet (http://www.robertexto.com/archivo3/comuna_paris.htm) el siguiente texto:

“El estallido de la guerra franco-prusiana (19 de julio de 1870) fue seguido con la máxima atención por la AIT. Inmediatamente el Consejo General de la AIT, residente en Londres, lanzó su primer manifiesto (23 de julio), haciendo saber que la emancipación de la clase obrera es radicalmente incompatible con una política exterior que “persigue designios criminales, que pone en juego prejuicios nacionales y dilapida en guerras de piratería la sangre y las riquezas del pueblo”. En cambio, la política exterior de la Internacional estriba en: “Reivindicar que las sencillas leyes de la moral y de la justicia que deben presidir las relaciones entre los individuos sean las leyes supremas de las relaciones entre las naciones”.

Las secciones nacionales y locales de la Internacional son llamadas a movilizarse, empezando por los internacionalistas de los países contendientes. En Francia, la sección de París y otras localidades francesas se suman a las protestas de la AIT contra una guerra que no consideraban justa, sino movida por los intereses dinásticos y territoriales de Napoleón III. También la clase obrera alemana se pronuncia en contra de la guerra y su degeneración (de guerra contra el gobierno francés, en guerra contra el pueblo de Francia), haciendo patente la fidelidad a la consigna estratégica de la Internacional: “Proletarios de todos los países uníos”, y que ilustra el conocido estribillo de la revolución de 1848: “Jamás olvidaremos que los obreros de todos los países son nuestros amigos, y los déspotas de todos los países nuestros enemigos”.

Este pronunciamiento fue subrayado por la abstención de los dirigentes socialistas alemanes, Liebknetcht y Bebel, el 21 de julio, en la votación a los créditos de guerra en el Reichstag.

A tenor de su línea estratégica, el primer manifiesto de la AIT afirma que es la alianza de los obreros de todos los países la que dará fin a las guerras. Buena prueba de lo cual es el hecho de que las organizaciones obreras de Francia y Alemania se intercambien mensajes de paz y amistad, lo cual no sólo se considera un “hecho grandioso, sin precedentes en la historia”, sino el anticipo de “una sociedad nueva cuyo principio de política internacional será la paz, porque el gobernante nacional será el mismo en todos los países: el trabajo”.

No obstante, la sección francesa de la AIT no está en su mejor momento para hacer frente a la coyuntura bélica (…) Si a principios de 1870 los internacionalistas eran la fuerza principal del movimiento obrero francés, justamente coincidiendo con un movimiento de huelgas, que son reprimidas con especial dureza, se les incoa un tercer proceso. Los militantes más activos de París y provincias son detenidos y encarcelados, y otros logran huir, y en esa desfavorable situación afrontan la coyuntura bélica.”

Blanca dijo...

Gracias Saiz, por tomarse el trabajo de informar a esta ignorante, muy delicado de su parte.

Gracias Aqui me quedaré :)

saiz dijo...

Pero Blanca, todos somos ignorantes. Ignoramos infinitamente más de lo que sabemos. Todos ignoramos prácticamente todo.

Anónimo dijo...

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