11.11.09

Dispárame

(Con agradecimiento a la persona que me lo contó.)



Casi nadie quería que hubiera una guerra, pero hubo una guerra.

Casi nadie eligió un bando en que luchar, pero hubo que luchar en algún bando.

Fue en 1936 en España.

A uno de aquellos hombres que no quería que hubiera guerra le obligan a ir a la guerra y a luchar en un bando. Y le obligan también a fusilar a un enemigo. (¿Enemigo por qué, si a él no le ha hecho nada?).

"Pégale un tiro a ése", le ordenan.

Y va a donde está aquel hombre, el enemigo, atado de pies y manos. Levanta su fusil y después de unos segundos lo deja en el suelo.

-No puedo- dice.

El que está atado lo mira y le pregunta:

-¿Tienes familia?

-Sí, tengo dos hijos pequeños y mujer...

-Entonces no lo dudes y apúntame bien al corazón. No tiembles, no falles el tiro y deja de llorar... Si no me matas tú, te van a matar a ti, y a mí me va a matar otro. Así que, ya que de todas formas voy a morir, prefiero que me mate un hombre honrado que no quiere matar a otra persona. Olvida lo que vas a hacer. Me llamo Andrés y soy de...

La guerra termina pero durante décadas está prohibido exhumar los cadáveres que fueron enterrados en el campo, de cualquier manera. Como el de Andrés.

Pasa el tiempo, pero el ejecutor nunca olvida los ojos de aquél a quien disparó. Cuando nace su tercer hijo lo llama Andrés. Y cada aniversario del fusilamiento deja un ramo de flores en la "tumba", es decir, en el lugar donde él mismo tuvo que enterrar, tras fusilarlo, a aquel hombre. Entonces le parece oír una voz conocida que, subiendo de la tierra, le dice "Prefiero que me mate un hombre honrado".

2 comentarios:

La luna dijo...

Impresiona la lectura.

Saludos

saiz dijo...

Gracias, Luna. Yo la impresión la experimenté cuando me lo contaron.