4.5.10

Después del atentado

Después del atentado (“acción armada” según su denominación) se quitó la capucha, se fue a casa, se lavó las manos bajo el grifo de la cocina y, una vez limpias (las mismas manos con que apretó el gatillo, las mismas con que disparó el arma), preparó con ellas el biberón a su hijo.

5 comentarios:

Blanca dijo...

"Un biberón similar al que quedó tirado en la acera del centro comercial en donde puso los explosivos.
Su linda mujercita se había llevado a la gemela pensando que el se quedaría en casa cuidando al niño.
Quién iba a saber que despúes de la consulta, pasó ella a comprar ahí los medicamentos".



Perdona el atrevimiento, mi mucho atrevimiento, pero lo dejas a uno con curiosidad de saber más. Te autorizo a borrar mi comentario. Bye.

saiz dijo...

Muy bien, Blanca. Tu continuación cierra el círculo del relato. Es un poco como en "El niño con el pijama de rayas", en que el niño -hijo de un jerarca nazi- finalmente termina gaseado en el campo de concentración que su padre dirige.

Mi intención en este breve relato era poner de manifiesto algo que todos sabemos, pero que no deja de llamarme la atención. Y es la indiferencia con que una persona, después de haber matado a otra(-s), puede comportarse como si tal cosa y preparar el biberón a su hijo. Preparar un biberón (acto en favor de la vida, acto incluso amoroso) con las mismas manos odiadoras que acaban de sembrar la muerte.

Blanca dijo...

Si, Saiz, es tremenda esa comparación de actos, que , pensar que se realizan con el mismo corazón, las mismas manos,el mismos ser en definitiva. Pero la mente ha de ser insensible, controlada, porque puede hacer a un lado el libro de cuentas, donde anota el número de sus víctimas, y toma el libro de oración, y en seguida, quizá el de los proyectos nuevos y la lista de la compra de regalos de navidad.

Humanos - máquinas - imperfectos - precisos - confusos.
Te saludo primaveralmente.

Aquí me quedaré... dijo...

Muy buenas, amigos míos:
Muchas veces he pensado en ello.
Dar vida los que la vida quitan y celebran aufóricos el mayor número de víctimas.
¿Cómo es posible?

Besos a los dos

saiz dijo...

Gracias por vuestros comentarios, Blanca y Aquí... Sí, todo nuestro cuerpo es polivalente. Las manos de Adolf Hitler y las de Teresa de Calcuta tenían la misma composición: carpo, metacarpo y dedos.

Aún más difícil de entender es que las manos de una misma persona se utilicen por ésta para fines radicalmente opuestos. En el breve relato era un-a terrorista que, después de haber causado la muerte de otra-s persona-s, prepara el biberón para su hijo.

Tal cosa podemos verla a menudo, pues sucede con todos los terroristas del mundo. Supongo que sólo se explica desde la semilocura que caracteriza a los terrorismos, que les hace creer que por la vía del asesinato se pueden conseguir metas valiosas. Pero no. La suciedad de los medios se contagia a los fines. La sangre tizna y corrompe incluso las (posibles) buenas ideas.