21.4.10

A mí que nada se me olvida

Los médicos me han diagnosticado una enfermedad en el cerebro. En concreto me han dicho que voy a perder la memoria.

Pero me niego a aceptarlo. Y, sobre todo, no estoy dispuesto a rendirme, a permitir que mis recuerdos se vayan borrando. Así que, desde que me lo anunciaron, dedico varias horas al día a refrescar mi memoria.

Recito listas de cosas que sé de corrido y compruebo que logro mantenerlas.

Digo Mercurio Venus Tierra Marte Júpiter Saturno Urano Neptuno y Plutón.

Digo Europa Asia África América y Oceanía.

Digo La Coruña Lugo Orense y Pontevedra.

Digo san Mateo san Marcos san Lucas san Juan.

Digo hidrógeno litio sodio potasio rubidio cesio francio.

¿Lo veis? Mi memoria sigue siendo excelente. Retengo hasta lo que de niño aprendí en el colegio.

Digo también palabras relacionadas con mi vida. Por nada del mundo querría olvidar los nombres de mis hijos (Isabel y Fernando), ni los de mis amigos (Melchor Gaspar y Baltasar). Y preferiría morirme antes que olvidar quién soy y cómo soy. Sería horrible, por ejemplo, olvidar mi propio nombre. Pero no lo olvido. Aunque a veces no recuerde en qué trabajo o el año en qué nací, mi nombre y apellidos los repito de continuo para no olvidarlos. Me llamo Fémur Tibia Peroné.

8 comentarios:

Aquí me quedaré... dijo...

Es una pequeña tragicomedia ¿Verdad?

Parece que nos hemos puesto de acuerdo hoy para escribir.

Besos

Blanca dijo...

Esteeee,perdón, creo que el metodo tiene alguna falla, jajajaja, Hay Saiz, no me cansare de repetirlo, eres grande.

saiz dijo...

Gracias por vuestros comentarios. No, creo que no es una tragicomedia, aunque en cierto modo entiendo que pueda hacer reír. Pretendía aludir a la fragilidad de nuestra memoria y a lo peor que puede a este respecto ocurrirnos, que no es olvidar cosas, sino olvidarnos de nosotros mismos (de quién somos, cómo somos): o sea, autoolvidarnos. Por otro lado, la memoria es una gran desconocida. A todos nos ha pasado que en un momento dado (por supuesto en los exámenes) queremos acordarnos de algo y no podemos. Y después, en el momento en que menos nos interesa recordarlo, de pronto nos acordamos de eso: nos viene a la memoria. ¿Y por qué? No se sabe. Parece como si la memoria fuese por libre. Por eso hay un refrán que dice que "Quien fía a su memoria fía a una traidora". En este caso el protagonista conseguía recordar las retahílas de nombres que de niño aprendió en el colegio, pero no conseguía saber quién era él mismo. Vemos algo así en los ancianos, que recuerdan lúcidamente los hechos de su infancia y en cambio no se acuerdan de si han tomado la pastilla con el desayuno. En fin, sólo eso. Los relatos que escribo no contienen moralejas (eso espero), sólo pretenden sugerir algo y, quizá, hacer pensar.

Un abrazo a las dos.

Blanca dijo...

Buen día SAiz, es que ese es el lado trágico, somos concientes de hasta donde puede llegar el olvido, y como toda risa, algo oculta. La risa o sonrisa, esconde, disimula tantas cosas Saiz, creo que lo sabrás, no nada mas es reir por lo jocozo del tema. De pronto al leerte, me veo en una de las posibilidades del futuro, esta que tu describes, y es amargo, y quizá ya empezamos ese camino sin saber, o negados de verlo.
Mi memoria nunca ha sido buena, jamás,y espero mejorarla con el tiempo. ( Por favor, no te molestes en desilusionarme al respecto)Hasta lueguito Saiz.

M.Carme dijo...

Como bien dices la memoria es algo muy frágil, pero es que además tenemos la cabeza llena de cosas(quiza demasiadas)y es tremendamente fácil olvidar (yo soy muy buena olvidando). Debemos ejercitar nuestro intelecto para alargar lo más posible el envejecimiento de nuestra memoria.Yo he vivido la experiencia de una demencia senil, y puedo asegurar que no tiene nada de divertido. El hecho de una madre que no reconoce a su hijo , que no sabe donde ella misma esta viviendo, que hace viajes imaginarios sin moverse del lugar, canviando a las personas que la cuidan por otras.Sola de vez en cuando tiene escasos momentos de lucidez y sufre por lo que le esta
pasando, no hace la vida de nadie dichosa.Y todos estamos expuestos a sufrir esta situación, porque hay muchas cosas que debilitan nuestra mente y pocas soluciones.
(perdona lo largo del escrito)
Un saludo

saiz dijo...

Gracias, Blanca y M. Carme, por vuestros comentarios. Desde luego perder la memoria, como en la demencia senil o el alzhéimer, es terrible, de las peores cosas que pueden ocurrirle a una persona. Posiblemente más para quienes están alrededor (los familiares o allegados) que para el propio enfermo. Como creo ya haber dicho, el único sucedáneo de consuelo (para todos, pues todos podemos sufrirlo) es no ser, en tal caso, conscientes de nuestra propia desmemoria: no sufrir por no enterarnos del todo de lo que nos pasa.

Aquí me quedaré... dijo...

Es probable que para vosotros la palabra tragicomedia, tenga un sentido diferente al que tiene para mí.
Una tragicomedia es uns gran tragedia en el más ámplio sentido de la palabra.

Abrazos

Blanca dijo...

Con permiso de Saiz,M. Carme, se reconocer el dolor, que es tanto que no admite la distracción la risa ajena. Lo he vivído, lo ví recientemente en mi hija, que expresa su odio por los que van a velorios ( velatorios quizá digan )y ríen y bromean para pasar las horas de vigilia que se hacen eternas, ella vivió el dolor de la muerte de su abuela y no podía admitir a nadie que no sufriera con ella. Yo he vivído mis propios dolores,y hay temas, que por muchos años sufría,pero por fin los pude exorcizar y hasta reír de ellos. Hay dolores tan grandes que terminan en una carcajada, el estallamiento de la tensión.
Saiz, Carme, yo también me extendí en reflexiones. Es que hay temas fuertes. Buen día.

(creo que ahorita voy, Saiz, y escribo sobre la risa, les aviso).