5.4.10

Batalla campal

Desde su puesto de observación el zoólogo ve acercarse a dos grupos de chimpancés. Ambos clanes inician una pelea a base de golpes y mordiscos. Algunos chimpancés usan palos: ramas que previamente han cortado para emplearlas en la lucha. También se lanzan piedras, cocos y otros frutos.

La refriega acaba cuando uno de los grupos se retira. En el suelo yacen varios chimpancés muertos.

Por la noche el zoólogo se acerca al campo de batalla y, mientras comprueba que algunos de los palos usados en el combate habían sido afilados con los dientes, piensa “Menos mal que aún no han inventado las armas de fuego…”.

3 comentarios:

M.Carme dijo...

No dicen que venimos de los monos,
que tiene pues de raro el comportamiento de los chimpances.Dicen que somos civilizados y si, hemos descubierto muchas cosas, pero a la hora de la verdad, nuestro comportamiento puede resultar peor que el de esos animalitos.

saiz dijo...

Así es, M. Carme. Por una parte hemos progresado mucho, sobre todo en los medios; pero por otro lado no hemos avanzado nada, especialmente en los fines.

Podemos contemplar un misil nuclear o un cazabombardero, y decir: ¡qué gran avance desde el punto de vista técnico!, pero desde el punto de vista ético y social, ¡qué gran estupidez! (una máquina que sirve para matar e incluso para autodestruirnos).

En un sentido los humanos somos muy listos, pero en otro sentido somos inmensamente tontos.

emilia alarcón dijo...

Leído en el blog "la lógica del titiritero" (http://pablorpalenzuela.wordpress.com):

La existencia de las “guerras de chimpancés” supusieron un “schock “para la comunidad científica, más tarde llevado a la literatura por William Boyd en su famosa novela “Brazzaville beach“. Desde entonces, las pruebas sobre esta conducta han ido acumulándose y ya nadie en su sano juicio podría negarla (negacionista hay siempre, claro). Lo más terrorífico es la “actitud deliberada” de los chimpancés cuando inician un raid: caminando en fila india, en silencio, deteniéndose de vez en cuando. Resulta muy difícil pensar que los chimpancés no sepan a lo que van, aunque lo hagan a su manera no verbal. La idea de intencionalidad me parece irrestible aquí.

El estilo de lucha suele ser bastante cobarde y, característicamente, esta actividad está limitada casi exclusivamente a los machos. Un vez iniciado el raid, los asaltantes atacan preferentemente a individuos aislados, sobre todo si son jóvenes, o a grupos muy inferiores numéricamente. Cuando las cosas están equilibradas, es frecuente que el ataque se aborte. Este estilo también es característico de las guerras entre cazadores-recolectores, donde las “batallas” son algo bastante más infrecuente que las simples emboscadas. Lo que no estaba demasiado claro hasta ahora era la motivación de estos ataques ¿Qué pretenden conseguir los atacantes, hembras o territorio?

Un artículo reciente publicado en Current Biology parece inclinar la cuestión hacia esto último. Los investigadores realizaron un meticuloso seguimiento de un grupo de chimpancés en el Parque Nacional Kibale (Uganda) durante casi 10 años. Comprobaron, que los machos atacaban ferozmente a las hembras que se encontraban en su camino y que las supervivientes nunca se integraron en el grupo vencedor ni se aparearon con ellos. Además, la mayoría de los incidentes se produjeron en una zona “fronteriza” entre dos grupos. De manera que la motivación parece más inmobiliaria que sexual. Sin embargo, al aumentar su territorio y sus recursos alimenticios, es esperable que los machos vencedores atraigan más hembras y se reproduzcan más.

Los datos también indican que los chimpancés son incluso más belicosos que las tribus humanas más belicosas, a juzgar por la frecuencia de asesinatos. El equipo de Mitani encontró una frecuencia de homicidios un 50% superior a la encontrada en sociedades agrícolas pre-estatales, y unas 17 veces superior que las típicas de los cazadores-recolectores. Aunque no conviene generalizar. Es posible que el grupo de Kibale sean equivalentes a los jíbaros entre los chimpancés.

Está claro que la guerra en los humanos tiene profundas raíces biológicas. Eso no quiere decir que sea algo aceptable ni inevitable, pero sí que el condicionamiento de la conducta tiene que trabajarse a tope para mantenernos en un estado de relativo pacifismo.