16.2.10

Las cartas boca arriba

En el hospital le anuncian que le quedan dos meses de vida. De vuelta a casa, se siente triste pero no llora. Piensa que a su muerte quedarán flecos, cabos sueltos. Y una idea le viene a la cabeza: va a escribir varias cartas, mensajes dirigidos a las personas a las que hirió alguna vez. Va a explicar por qué lo hizo. Va a pedirles perdón.

Escribe seis cartas, las mete en seis sobres, les pone seis sellos y, seis días antes del plazo concedido, las echa en un buzón.

“Ya puedo irme en paz”, se dice.

Pero el plazo vence y él no muere.

Un día, volviendo de la quimioterapia se topa con uno de los destinatarios. Éste se sorprende:

-Pero… creí que… Como en tu carta decías que…

-Pues ya ves, no me he muerto aún. Me dieron dos meses, pero se ve que los médicos se quedaron cortos.

-Oye, pues me alegro de que sea así. Verás, tu carta me dejó aturdido. Aquello que cuentas no tuvo importancia. En realidad lo había olvidado y…

-Te escribí porque necesitaba cerrar aquella herida. Quizá a ti no te dolía, pero a mí sí.

Siguen hablando. Toman un café. Se cuentan cosas y, mientras charlan, sonríen.

Nueve meses, diez meses… La que tenía que venir no viene. ¿Se le habrá olvidado la cita?, ¿se le habrá parado el reloj?

Ha pasado un año desde el día de los sobres. Un año suplementario, un año de prórroga. “En todo este tiempo no ha habido motivo para escribir otras cartas. A nadie más tengo que pedir perdón”, piensa.

A pesar del diagnóstico, que sigue en pie, se siente alegre en este aniversario.

Y se pregunta si las cartas que escribió pueden ser la razón de que la “cuenta atrás” no se haya cumplido. La razón de que el plazo de caducidad siga estirándose.

2 comentarios:

M.Carme dijo...

En madicina no todo es exacto.El cuerpo humano es una máquina tan perfecta que ni la muerte tiene fecha,aún estando grave.Yo conoci una persona que vivió dos años desde la fecha de caducidad. nadie pudó explicarse como.Tal vez aunque no lo sepamos y lo creamos todo resuelto, tenemos algo pendiente. Una vez alguien me dijo que con el solo hecho, de estar en un lugar en un momento determinado, podemos sin saberlo ayudar a alguien. Nadie, ni siquiera los medicos, pueden asegurar la muerte.
saludos

saiz dijo...

Gracias, M. Carme. Todo lo que dices me parece cierto.

Nos empeñamos en alargar la vida y a lo mejor lo que tendríamos que hacer, más que alargarla, es ensancharla.

Incluso puede que, ensanchándola, termine alargándose...