4.5.09

El carpintero Fernández

Puede que el carpintero Fernández no fuese Fernández. Tal vez se apellidó de otra manera.

El carpintero Fernández nació en 1782. Aprendió el oficio de su padre, con quien trabajó desde niño.

A los diecinueve años se casó con una muchacha de su pueblo. Tuvieron cuatro hijos.

Aunque en aquella época no era infrecuente golpear a las mujeres, el carpintero Fernández nunca maltrató a su esposa.

Pese a ser analfabeto, quiso y logró que sus hijos fueran a la escuela.

El carpintero Fernández no engañaba a los clientes. Si alguien le encargó un mueble, no le mintió sobre la clase de madera ni sobre las horas de trabajo.

Cuando el ejército napoleónico invadió España, el carpintero Fernández temió ser llevado a luchar contra los franceses. Como no había escopetas y trabucos para todos, se ofreció a confeccionar camas para los heridos y así no tuvo que disparar a nadie.

El carpintero Fernández murió de neumonía en 1835, a los cincuenta y tres años de edad.

Fue enterrado en el cementerio de su pueblo, junto a la iglesia.

Cuarenta años después, debido a que el cementerio se había quedado pequeño sus huesos fueron exhumados y mezclados con otros. Ahora son tan anónimos como él. En unos siglos se habrán pulverizado.

Puede que el carpintero Fernández no fuese Fernández, sino Quesada o García. También es posible que no fuese carpintero, sino herrero o labrador.

El carpintero Fernández, el herrero Quesada, el labrador García no vienen en los libros de Historia. Ningún autor escribió sus biografías (demasiado planas, demasiado vulgares). En su honor no se erigieron estatuas ni panteones. De hecho, ahora nadie se acuerda de ellos.

Pero existieron. Pasaron por la vida sin hacer ruido, sin arruinar a nadie y sin procurar a otros la desgracia o la muerte.

Atravesaron el mundo sin dañarlo. Cruzaron por él inofensivamente.

Nada de esto, sin embargo, se considera memorable. Nada de esto se estima digno de ser recordado.

2 comentarios:

Yahaira Valverde dijo...

Qué bonita historia. ´

Muchas personas como él existieron o existe van por la calle, yo prefiero llamarlos héroes anónimos.

A pesar de que no se encuentran en un libro de historia.

Y son muchos y muchas: madres, padres, abuelos, hijos, profesores, amigos; todos bajo un rótulo haciendo bondades y creo que al menos debería escribirse sobre ellos.

Tú escribes sobre Fernández, pero pudo haber sido otra persona.

saiz dijo...

Así es, Yahaira. Nadie escribe sobre ellos porque son "tipos vulgares". Y eso es lo mejor de todo: que son "vulgares", o sea, habituales y frecuentes.

Porque lo habitual, lo frecuente, lo normal ... es (afortunadamente) ser bueno.

Leemos libros de Historia y están llenos de seres despreciables: nerones, calígulas, napoleones, hítleres, stálines... Dictadores, invasores, sátrapas, juntacadáveres...

Y entonces uno tiende a creer que esos individuos malvados son los sujetos más relevantes de la historia de la Humanidad.

Pero no es cierto. Felizmente no es cierto.

Si la humanidad tiene futuro no es por esos personajes tristemente históricos, famosamente infames; sino por los Fernández, los Quesada, los García..., los anónimos que se fueron, se van, se seguirán yendo del mundo sin haber esparcido la destrucción y el sufrimiento.