20.1.11

Mi verdadero origen

Mis padres se conocieron en una comisaría. Fueron llevados allí para interrogarles después de una manifestación en la que participaron. Era una de esas concentraciones antifranquistas de finales de los 60.

Antes de que la policía los detuviera, mis padres no se habían visto nunca. Fueron detenidos por separado, pues al irrumpir la policía los manifestantes salieron corriendo. Aunque los arrestaron en lugares distintos, la casualidad hizo que los llevaran a la misma comisaría.

Al detenerle, a mi padre le habían dado un golpe con una porra, por lo que le sangraba una ceja. Por eso, antes de que le tomaran declaración, mi madre le prestó un pañuelo para que se lo pusiera en la herida. Tras limpiarse la sangre, mi padre se guardó el pañuelo en el bolsillo.

Luego declararon por separado y los trasladaron a calabozos distintos.

Cuando, días después, mi padre fue puesto en libertad, se empeñó en que tenía que devolver el pañuelo a mi madre. Recordó que, durante la manifestación, mi madre llevaba un libro de Anatomía. Así que estuvo yendo durante varios días a la Facultad de Medicina hasta que, por fin, la localizó.

Le devolvió el pañuelo y… Bueno, el resto ya os lo imagináis: quedaron para otro día, siguieron viéndose, se hicieron novios y nací yo.

Es una historia bastante vulgar. Pero hay en ella una especie de paradoja. Y es que, de no haber sido por aquella manifestación antifranquista, de no haber sido por la intervención policial..., yo no habría nacido. Es casi seguro que, de no haber sido por eso, mis padres nunca habrían llegado a conocerse.

Mis padres odiaban la dictadura pero, de no ser por ella, jamás se habrían encontrado. Ni tampoco me habrían concebido.

En este sentido la dictadura fue beneficiosa para ellos… y para mí.

Si mentalmente elimino la dictadura, si hipotéticamente suprimo la carga policial…, entonces también desaparezco yo.

Es decir que, en cierto modo, debo mi vida a un régimen autoritario. Debo mi existencia a la represión.

Cuando este pensamiento me viene a la cabeza, intento acallarlo. Me digo a mí mismo: “es una idea absurda”.

Lo que no significa que no sea verdad.

2 comentarios:

Aquí me quedaré... dijo...

¿Es cierto?
Me encanta

saiz dijo...

No, es fabulación, pero podría ser real. Seguro que a alguien le ha pasado algo así. Sólo quería escribir algo sobre las paradojas, quiebros, meandros del destino.

Un beso.