9.11.10

La voz

Se enamoró de aquella voz tersa, viril y profunda que salía de la radio. Por eso pidió que la dejaran presenciar, tras el cristal del estudio, la emisión del programa.

Ese día descubrió que el dueño de la voz de terciopelo no era como pensaba. Era un locutor desangelado, con tripa, canoso, con entradas…

¿Cómo podía brotar una voz tan perfecta de un cuerpo desgarbado?

Y lo peor era que, en lo sucesivo, ya no podría separar la voz de aquella imagen.

No: decididamente no tenía sentido enamorarse de una voz, de una garganta…, de un trozo aislado de alguien.

Por todo lo cual, mientras volvía a casa inventó la moraleja más ripiosa del mundo:

Quien de la voz de la radio se enamora,
mejor será que no vaya a la emisora.

7 comentarios:

Blanca dijo...

Saiz, espero que no lo hayas escrito después de leer mi blog, porque me va perfecto. Cosa tan frecuente en estos tiempos de internet, si camaras, claro, jaja. Ciao amigo.

saiz dijo...

No, Blanca, lo escribí hace bastante tiempo. En España había un locutor de radio llamado Carlos Llamas que tenía la voz más bonita que he oído nunca. Un día lo vi en persona, y su imagen física no se correspondía para nada a la idea que de él me había hecho. Entonces pensé en lo absurdo que resulta poner a alguien cara y cuerpo basándose sólo en su voz. De ahí me vino la inspiración para el relato. (Paso a visitarte.)

M. Carme dijo...

¿Y quién dijo que habia que enamorarse también de la persona?.
Una de las cualidades de un buen locutor-a es tener una bonita voz, que haga al oyente engancharse al programa.Son los secretos de la radio.

saiz dijo...

Llevas razón, M. Carme. Basta con que nos enamoremos de aquello que conocemos, sin tener que extenderlo a lo que nos es desconocido, sin tener que dar nada por supuesto.

Aquí me quedaré... dijo...

Algo parecido me paso con Andrés Aberasturi.
Le puse una cara a la voz, la que me imaginé y no tenía nada que ver.

Besos

Indy dijo...

eso es lo que suele pasar cuando idealizamos a alguien, pasa con la gente de la radio y también con alguien a quien habiamos querido y hace tiempo que no hemos visto.

saiz dijo...

Hola, Aquí e Indy. Gracias por vuestros comentarios.

Todos tenemos experiencias similares. Por otro lado, ese fenómeno de la idealización es muy curioso. Yo creo que en la idealización o mitificación, más que añadir virtudes a alguien (el ídolo, el héroe, el personaje carismático...), lo que hacemos es suprimir sus defectos, borrar de nuestra mente su parte negativa (que todos tenemos: hasta el Sol tiene manchas). Pero no deja de ser triste cuando un ídolo se nos derrumba, porque en el fondo todos necesitamos alguien en quien creer y a quien admirar.