14.6.10

Mi verdadero origen

Mis padres se conocieron en una comisaría. Fueron llevados allí para interrogarles después de una manifestación en la que participaron. Era una de esas concentraciones antifranquistas de finales de los 60.

Antes de que la policía los detuviera, mis padres no se habían visto nunca. Fueron detenidos por separado, pues cuando cargó la policía los manifestantes salieron corriendo. Aunque los arrestaron en lugares distintos, la casualidad hizo que los llevaran a la misma comisaría.

Al arrestarle, a mi padre le habían dado un golpe con una barra, por lo que le sangraba una ceja. Por eso, antes de que le tomaran declaración, mi madre le prestó un pañuelo para que se lo pusiera en la herida. Tras limpiarse la sangre, mi padre se guardó el pañuelo en el bolsillo.

Luego declararon por separado y los trasladaron a calabozos distintos.

Cuando, días después, mi padre fue puesto en libertad, se empeñó en que tenía que devolverle el pañuelo a mi madre. Recordó que, durante la manifestación, mi madre llevaba un libro de Anatomía. Así que estuvo yendo durante varios días a la Facultad de Medicina hasta que, por fin, la localizó.

Le devolvió el pañuelo y… Bueno, el resto ya os lo imagináis: siguieron viéndose, se hicieron novios y nací yo.

Es una historia bastante vulgar. Pero hay en ella una especie de paradoja. Y es que, de no haber sido por aquella manifestación antifranquista, de no haber sido por la carga policial..., yo no habría nacido. Es casi seguro que, de no haber sido por eso, mis padres no habrían llegado a conocerse.

Mis padres odiaban la dictadura pero, de no ser por ella, nunca se habrían encontrado. Ni tampoco me habrían concebido.

En este sentido, y aunque fuera casualmente, la dictadura fue beneficiosa para ellos. Y, de rebote, para mí.

Si mentalmente elimino la dictadura, si hipotéticamente suprimo la intervención policial…, entonces también desaparezco yo.

O sea que, en cierto modo, debo mi vida a un régimen autoritario. Debo mi existencia a la represión.

Cuando este pensamiento me acude a la cabeza, intento apagarlo. Me digo a mí mismo “Es una idea absurda”.

Lo que no significa que no sea verdad.

5 comentarios:

Blanca dijo...

HOLA Saiz, voto porque no es cierta. Si no hubiese existido el franquismo, de todos modos tus padres se conocen porque se aconocen, con cualquier otro pretexto,así pienso yo....
Saludos.

También para Aquí, cuando venga.

Aquí me quedaré... dijo...

Me gustan las cábalas de ese tipo.
Mejor no pensar mucho por si acaso.
¿Os imagináis cuanta gente habrá que hubiesen deseado que sus padres nunca se hubieran conocido?

Buenos días

saiz dijo...

Hola, Blanca y Aquí. No, Blanca, no es una historia real. Está contada en primera persona como licencia narrativa. Pero podría ser, es decir, podría haber pasado así.

Aquí, está muy bien esa palabra, "cábala", y también lo que dices sobre que nos gusta pensar en esto pero al mismo tiempo intuimos que no es bueno dar muchas vueltas a estas cosas (no sea que nos salga humo de la cabeza). A fin de cuentas, somos hijos del azar y la casualidad. Dicen que, si no hubiera caído a la Tierra aquel meteorito que acabó con los dinosaurios, la evolución de la vida en el planeta habría sido radicalmente distinta. Así que, empezando por ahí (por empezar por algún sitio), somos fruto de un sinfín de coincidencias. Somos el premio super-gordo de una gigantesca lotería y existimos de pura chiripa.

Es una gran alegría veros por aquí. Un abrazo a ambas.

Blanca dijo...

Eso es ciertísimo, somos el super- gordo de la lotería, Saiz, y eso es lo maravilloso, ¡somos!

saiz dijo...

Sí, Blanca, la posibilidad de nuestra existencia era tan ínfima, tan nimia, tan insignificante... que prácticamente era una imposibilidad absoluta. Por tanto somos una imposibilidad posible, una imposibilidad andante.