16.9.11

Secundarios

Cuando la señora Bovary volvió de la fiesta en el castillo y entró en su pueblerina casa de Tostes, descargó su ira sobre la sirvienta, a la que despidió de inmediato.

De aquella sirvienta sólo nos es dicho que se llamaba Anastasia y que, tras su despido, se echó a llorar en la cocina.

Y nada más. No sabemos qué fue de ella luego. No se nos cuenta cómo siguió su vida. "Olvidaos de ella", parece ordenársenos.

(Flaubert estaba obsesionado con Emma. Sólo ella le importaba. Los demás eran secundarios, colaterales: meros figurantes, meras comparsas. Simplemente pasaban por allí.)

Y después, tras el suicidio de la señora Bovary, el mozo de farmacia Justino (que siempre estuvo secretamente enamorado de ella) se acercó de noche a su fosa, se arrodilló y lloró.

Tampoco de Justino se nos dice más, salvo que se marchó a Ruán y se empleó en una tienda.

¿No pensáis que Flaubert es injusto? ¿No os parece que todos los novelistas son injustos al crear personajes para luego dejarlos –como a Anastasia, como a Justino- colgados, suspendidos de una página, literalmente tirados?

4 comentarios:

Blanca dijo...

:) No podría con la carga de tantos.
Hola Saiz, por aqui, recreandome con tus historias. Espero estés magnífico. TE recuerdo, te vistio, te promuevo,te abrazo muy fuerte.A tus ordenes con Reiki.

saiz dijo...

Gracias, Blanca, por tus palabras. Luego paso a visitarte.

Aquí me quedaré... dijo...

Me hace mucha gracias.
Así, de la forma que ralatas, me gusta ver la dramaturgia.

Eso sí, sin dejar " abandonado" a ninguno de sus personajes.

Por cierto he leido tu personal versión en otro de tus apartados.

saiz dijo...

Aquí: Madame Bovary fue la primera novela "de adultos" que leí. Antes había leído libros de aventuras y juveniles, pero Madame Bovary la leí con 14 años y me impresionó mucho. Ante todo me impactó lo bien escrita que está. Se dice que Flaubert no podía soportar una frase malograda (suya es al parecer la afirmación de "Que reviente como un perro antes de adelantar un segundo una frase que no esté madura"). Pero a continuación me llamó la atención hasta qué punto los dos personajes principales -Emma y Charles- son víctimas de una especie de fatalidad. Emma está condenada a vivir con un hombre al que no ama. Charles vive enamorado de Emma y por eso está ciego a sus infidelidades y excentricidades. Lo sentí así (ambos personajes víctimas de sí mismos) y me sorprendió ver, al final del libro, que el propio Charles dice al amante de Emma que no le culpa de nada, que "la culpa es de la fatalidad".

Años después la leí otra vez y ya no me pareció tan buena. Pero en su momento me marcó bastante.