13.9.10

Con las botas puestas

Tenía 48 años. Esta tarde, justo al terminar su jornada laboral, colocando la última colcha de la última cama de la última habitación del hotel, se ha desplomado delante de mí. Al principio he pensado que estaba bromeando, haciéndose el derrotado en el instante preciso de acabar el trabajo. Pero cuando he visto sus ojos entreabiertos, su boca babeando y el color ceniza de su cara me he dado cuenta de que no era una broma.

El enfermero del hotel ha intentado la reanimación cardiopulmonar hasta que ha llegado la ambulancia. Le han puesto varios chutes de adrenalina y le han aplicado el desfibrilador, pero no ha habido nada que hacer. Finalmente lo han llevado en la ambulancia al hospital para que allí certifiquen su muerte por infarto.

Hoy he estado todo el tiempo con él. Por la mañana, mientras cocinaba el desayuno, me ha comentado que estaba cansado, que había salido tarde de su otro trabajo. En todo el día no le he visto fumar un cigarro ni beber un trago de alcohol, pero sí le he visto cocinando, fregando, limpiando, llevando camas de un piso a otro…

Su salud estaba muy tocada. Fumaba bastante y, como buen escocés, le encantaba el güisqui. Es posible que, de todas formas, no hubiera aguantado mucho. Pero hoy no ha muerto por su manera de vivir: ha muerto reventado, delante de mí, en el último empujón para meter la cama supletoria debajo de la principal.

Después de eso aún he tenido que limpiar la habitación, retirar las cajas de adrenalina, las cápsulas, las jeringuillas, los adhesivos de los parches… y todo mientras pensaba: no ha podido morirse en su casa o a primera hora, no, ha tenido que acabar su trabajo, terminar su jornada laboral. Ha tenido que morir tras cumplir su deber. Ha tenido que irse con la tarea hecha.

5 comentarios:

Blanca dijo...

Saiz, quiero recomendarte un sitio, que nunca frecuento, jajaj, pero tiene calidad, solo que no soporto a su creador. Un genio, por otro lado eh,
http://moon-museum.blogspot.com/
dale una vuelta, espero te guste. Saludos.

saiz dijo...

Gracias, Blanca, seguro que me interesa viniendo de ti. Un abrazo.

Aquí me quedaré... dijo...

Blanca, no logro dar con el enlace.

Pobre hombre.
Reventado.

Besos

saiz dijo...

Hola, Aquí, el relato está basado en una historia real que oí en la radio en una noche de insomnio. Me impresionó tanto que creo haber transcrito incluso algunas expresiones de la persona que la vivió y la contó en la radio. Llamó a la emisora para desahogarse la noche siguiente a haber vivido la muerte de su compañero.

Tendría que haber más libros que narrasen historias reales, sucesos vividos, que sin duda son más impactantes que los de ficción. Esto ya lo hizo Paul Auster en Estados Unidos (tenía un programa de radio al que la gente llamaba para contar experiencias intensas, sucesos sobrecogedores por ellos vividos, y luego recopiló estas historias en un libro), pero, que yo sepa, no se ha hecho más.

Blanca dijo...

Esas historias son espantosas, ¿ como contar como encontraste a madre la última vez que la viste con vida?pero también, en su momento, ha de ser una ansiedad enorme, tenerlo en la cabeza y si, es mejor sacarlo ...
Hola.