23.3.12

Puntos


Desde el avión se divisan puntos móviles. Pequeños puntos ahí abajo. Puntos atravesando las calles, corriendo a esconderse en los refugios.

El piloto militar se fija en uno de aquellos puntos, uno cualquiera, y se pregunta:

¿Es una mujer o un hombre?

De niño, ¿quién meció su cuna? ¿Le contó alguien cuentos?

¿Está enamorado?

¿Tiene hijos? ¿Los lleva, cada día, de la mano al colegio?

¿Toca el piano?

¿Le gusta el fútbol?

¿Cuál es su plato favorito?

¿Se le da bien hacer cuentas?

¿Escribe acaso poemas a escondidas?

¿De qué se rió por última vez?

¿Con quién proyecta cenar esta noche? (Y no, no creo que cene.)

Se da cuenta de que está divagando. Tiene órdenes que cumplir, así que ha de centrarse en su misión. Desciende varios pies de altura hasta situar el avión a la distancia óptima del objetivo. Los puntos, ahora, se ven un poco más grandes. Pulsa el botón de descarga y, justo encima de aquellos puntos, deja caer varias bombas.



8 comentarios:

Aquí me quedaré... dijo...

¿Cómo después de esas preguntas pudo apretar el botón?
¿hasta donde llega la obediencia debida?

Ezpeluznante tu relato, amigo.

*Esas preguntas o parecidas me las hago siempre cuando veo a un coche de los que llevan a la última posada.

Un abrazo en la distancia, pero no distanciado

saiz dijo...

Hola, Aquí. Pues supongo que el piloto tenía órdenes que cumplir, que no podía elegir entre actuar o no.

¿Hasta dónde llega la obediencia debida? Bien, es una gran pregunta.

Una vez leí un texto que decía algo así como "El problema no es la injusticia, ni el paro, ni la precariedad. El problema es la obediencia".

¿Por qué obedece la gente? ¿Por qué obedecemos?

¿Por qué los franceses obedecían a Napoleón cuando les mandaba ir a morir a Rusia?

¿Por qué los alemanes obedecieron, como corderillos, a Hitler cuando les ordenó invadir Polonia?

¿Es porque somos sumisos por naturaleza? Supongo que la cuestión debe de ser más compleja.

En el relato, el piloto arroja las bombas sobre la población civil. Si hubiera dado media vuelta sin soltarlas habría sido acusado de indisciplina o deserción y seguramente fusilado.

Sí, pero antes de todo eso la cuestión es ¿qué nos lleva a obedecer órdenes absurdas que sólo benefician a una minoría?

Lo que está claro es que finalmente sí, "El problema es la obediencia".

anna dijo...

Brillante, el relato. No así la conducta humana. Pero alguna fuerza realmente poderosa debe ser la que nos guía porque si en el frente durante la guerra ambos lados hubiesen extendido bandera blanca nunca se habría desarrollado esta. Y no hace falta ir tan lejos, la de veces que en pleno siglo XXI un empleado de una oficina cualquiera sucumbirá a las ordenes de su jefe aún a sabiendas de estar afectando a terceros. En fin.

Solo puedo sacar en claro que me encanta leerte.

Un abrazo!

saiz dijo...

Gracias, Anna. Los relatos son para eso, para invitar a la reflexión (caso de que lo consigan). Es evidente que ningún relato va a salvar el mundo.

Sobre lo de que obedecemos órdenes y normas injustas a sabiendas de que lo son, está claro que es así. No obstante, yo creo que a medida que la sociedad tome más conciencia de su propio poder, será más difícil que una minoría imponga sus criterios.

Hasta ahora las guerras las han decidido siempre unas minorías, unas élites (justo quienes no iban al frente de batalla), y lo han hecho siempre entre bastidores y para defender intereses particulares, arrastrando así a los gobiernos. Con Internet esta disociación entre los gobiernos y los pueblos sobre los que mandan, cada vez será más difícil. Es una esperanza modesta, pero es una esperanza.

Blanca dijo...

Hi is me, your friend. I am studing english and I vengo a regarla porque todavía no aprendo suficiente para una conversación. Hola Saiz, un abrazo.

Aquí me quedaré... dijo...

Casi un mes sin publicar nada, es raro.

¿Estás bien?

Un abrazo

Blanca dijo...

http://lamascara-lalibertad.blogspot.mx/

Son das feriados o de vacación Aqui, ¿ no lo crees así?
Los invito a visitar el blog. Un abrazo a cada uno.

saiz dijo...

Hola, amigas, todo va bien. Sí, Blanca, aquí tuvimos varios días de asueto -por cierto, pasados por agua- con motivo de la Semana Santa. Ahora volvemos a la normalidad.