13.12.11

Abuelito dime tú

Abuelito, si quieres contarme tus batallas, cuéntamelas enteras. Descríbeme esos muertos que quedaban tumbados con los vientres abiertos, las heces derramadas. Y no olvides hablarme del olor a cadáver, de las moscas azules posadas en los ojos, del miedo en las trincheras, los brazos amputados, la metralla en las piernas, las cuencas, los muñones... Abuelito, si quieres contarme tus batallas, cuéntame todo. Todo. No excluyas los recuerdos de los que tu memoria trata de desprenderse. No silencies la parte que querrías olvidar.

3 comentarios:

Aquí me quedaré... dijo...

Si no fuese así, les sería muy difícil vivir.
¿ No?

Un abrazo

saiz dijo...

Craro, Aquí. Tenemos una memoria selectiva, que borra o atenúa aquello que no resistimos recordar. Pero al mismo tiempo ese "borrado" es muy peligroso si se ofrece a otras personas una visión falsa de las experiencias. Cuando leemos o vemos narraciones "épicas", desde la Ilíada de Homero hasta las películas de guerra, encontramos un tratamiento edulcorado de lo bélico, en el cual raramente se recoge el espanto y el horror que conlleva. Quienes ofrecen esa visión (esa versión, ese sesgo) incurren en una responsabilidad muy grave. De las guerras sólo deberían hablar y escribir quienes las han conocido y vivido en sus propias carnes.

Blanca dijo...

Cuanto me gusta tu comentario Saiz, tienes razón, por eso ahora que los niños viven tanta muerte en sus 'juegos' mecánicos, visuales, donde se mata muere y no pasa nada, creo que ni a sensibilidad llegan, es terrible.